En el borde de un charco, tras la lluvia,
un niño encuentra su universo reflejado.
Sus botas rojas chapotean en la inmensidad acuosa,
creando olas que llevan sus sueños a lugares más allá del horizonte.
El charco es un océano, las botas son naves,
y el niño, un intrépido capitán que navega sin mapa ni estrella.
Comentarios
Publicar un comentario