Publicado por
Keila F. Polo
el
Se me quebró la frente altiva, la que siempre miró al mundo de pie; y de pronto fui pequeña, un suspiro arrodillado ante tu ausencia. No supe que llevaba escondido ese hueco de soledad latiendo, hasta que tu nombre fue la última llama, el único refugio en la penumbra. Y qué extraño fue descubrirme así, desnuda en la fragilidad que nunca mostré, temblando en la grieta del miedo, como si el mundo dependiera de tus manos. Ahí lloró mi alma, no por ti, sino por mí, por la certeza de que todo mi peso había caído en un solo corazón. - ☕
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