es un pergamino antiguo que guarda, en cada pliegue y cicatriz,
las historias que intentamos ocultar. Un mapa en relieve,
trazado con los surcos del tiempo, revela nuestras tristezas más profundas,
angustias silenciadas y secretos mejor guardados.
Nuestra piel, a veces suave como un susurro de brisa,
otras áspera como una roca erosionada por las olas de la vida,
es el lienzo donde se pintan nuestras batallas diarias. Las estrías,
ríos plateados que recorren nuestras extremidades,
son testigos mudos de nuestros cambios, nuestras transformaciones.
Las celulitis, esas colinas y valles que se dibujan en nuestras carnes,
cuentan historias de guerras internas, de luchas personales
que se libran en el silencio de nuestro ser.
Por más que intentemos cubrir estas marcas,
la piel es un mural expuesto al ojo crítico y perspicaz.
Esos ojos que se niegan a aceptar solo un "estoy bien"
y que buscan entre las líneas y texturas la verdadera melodía de nuestra existencia.
La piel es una partitura escrita con los acordes de nuestras experiencias,
una sinfonía de cicatrices y sonrisas, de lágrimas y carcajadas.
Nuestra piel es una muralla que guarda dentro de sí una galería de vivencias,
cada marca es una pincelada en el lienzo de nuestra historia.
Los curiosos que se atreven a mirar más allá de lo evidente,
que ven en cada arruga un poema, en cada mancha un verso,
descubren la profundidad de nuestras almas. Ven las cicatrices
que son medallas de batallas ganadas y perdidas,
los tatuajes invisibles que narran las lecciones aprendidas con el paso del tiempo.
Así, nuestra piel se convierte en un códice sagrado,
una carta abierta escrita con la tinta de la vida.
Es un espejo que refleja no solo lo superficial, sino lo profundo de nuestro ser.
Cada marca es una estrofa, cada cicatriz una rima,
cada textura un capítulo en la epopeya de nuestra existencia.
Aunque queramos esconder nuestras historias bajo capas de ropa y sonrisas forzadas,
la piel sigue hablando en su lenguaje silente y poético.
Es un libro abierto que solo los atentos pueden leer,
una poesía viviente que solo los sensibles pueden sentir.
Porque al final, la piel no miente,
y su verdad es una oda escrita con la tinta invisible de nuestra vida,
una canción que resuena en el alma de quienes saben escuchar.

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