En el jardín de mis recuerdos

 

En el jardín de mis recuerdos, tu nombre florece en cada rincón,
como una rosa que se aferra al invierno, dolorosa pero hermosa.
Te amé tanto que mi corazón aprendió a latir con una herida abierta,
cada palpitar un susurro de lo que fuimos, un eco en la inmensidad.

Caminé por calles nuevas, buscando rostros que no fueran el tuyo,
pero en cada sonrisa ajena, en cada mirada fugaz, te encontraba.
Tus huellas se han incrustado en mis días, en mis noches,
como constelaciones tatuadas en el cielo de mi mente, eternas e inquebrantables.

Intenté escapar, navegar otros mares, amar otros corazones,
pero tú, náufrago de mis sueños, sigues naufragando en mis venas.
Te veo en cada amanecer, en cada atardecer que colorea mi soledad,
como un lienzo pintado con recuerdos que se niegan a desvanecerse.
El dolor es un compañero constante, un fuego que arde en mi pecho,
y aunque sé que estoy mejor sin ti, esta llama me consume.
No vale la pena rogar por migajas de amor, por promesas rotas,
porque merezco más que palabras vacías, merezco el universo entero.

Te amo, pero me amo más, y en esa verdad encuentro mi refugio.
Merezco lo mejor, un amor que no duela, que no deje cicatrices,
pero aun así, me pierdo en el laberinto de este sentimiento,
sin saber qué hacer con esta pasión que me quema y no me deja respirar.

Quizás algún día, en el horizonte de mi vida, encontraré la paz que busco,
lejos de tu sombra. Hasta entonces, seguiré navegando en este mar de recuerdos,
con la esperanza de que, al final, el amor propio sea mi salvación.

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