En los pliegues de mi memoria,
los días idos resplandecen
como sombras que danzan en el ocaso del tiempo.
Cada calle recorrida me susurra historias entrelazadas,
un eco que acaricia el alma
pero también despierta la melancolía por lo que una vez fue.
Las luces de la ciudad titilan
como estrellas fugaces,
trazando un sendero incierto que guía mis pasos.
El viento susurra ecos de risas que ya no están,
mientras las estrellas parecen murmurar tu nombre
en la quietud nocturna.
Habito un sueño despierto,
donde lo perdido nunca se va
y lo presente nunca llega,
el sentirte siempre y nunca,
aquí y allá.
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