Tanto cuanto


Tanto cuanto navego en el laberinto de luces y sombras,
en esta ciudad que nunca duerme,
donde los sueños se enroscan
como hiedra en muros de vidrio y acero,
doy pasos en un mar de reflejos distorsionados,
mientras el peso de horas sin fin se desliza sobre mis hombros,
como un manto de neón que ahoga el cielo.

Tanto cuanto busco refugio en la brisa susurrante de la memoria,
en días que pasan como trenes veloces, sin detenerse,
me encuentro en esquinas desgastadas por el olvido,
donde el viento murmura secretos de tiempos antiguos,
cuando los relojes eran simples testigos, no carceleros.

Tanto cuanto sonrío a extraños rostros en vitrinas de escaparates,
en esta danza de soledades compartidas,
donde las voces se cruzan sin encontrarse
en una coreografía indiferente,
alzo la vista hacia un cielo estrangulado por cables y humo,
mientras las estrellas se esconden, tímidas,
detrás de cortinas de niebla que se disipan con el alba.

Tanto cuanto me pierdo en las palabras que no se pronuncian,
en conversaciones vacías donde el silencio grita sin voz,
escribo versos en la arena de un desierto urbano,
donde la marea del cotidiano borra las huellas,
dejando apenas ecos de lo que fui y lo que aún espero.

Tanto cuanto abrazo la quietud de la noche en esta era de acero,
donde el tiempo muerde con dientes afilados,
cierro los ojos, inhalo el aroma de un pasado lejano,
y la luna, en su calma plateada, me canta su canción,
recordándome que, a veces, vivir es un acto de resistencia,
en medio de un mundo que avanza sin tregua.

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