Para ver, cierro los ojos,
y el mundo se desmorona en silencio,
como una flor marchita que se abre en la oscuridad,
un susurro que grita en el alma
mientras la vista se rinde a la ceguera.
Las estrellas, que antes eran solo puntos lejanos,
ahora corren por mis venas,
latido a latido, formando constelaciones
en los rincones olvidados de mi ser,
donde nunca me atreví a mirar.
Es en la ceguera donde los colores chocan,
en la sombra donde el brillo se ahoga,
y en el vacío que grita
donde el todo se revela,
como un eco sordo,
donde las verdades no se buscan,
sino que se sienten a ras de piel.
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