Soy el reflejo que su juicio destierra,
la sombra que nunca florece a sus ojos,
me alzo como viento, me rompo como ola,
y en sus manos solo soy un eco deshecho.
Voy desnuda sobre el filo de sus miradas,
como un río que intenta, sin tregua, el mar,
y aunque arranco mi piel para hacerme camino,
solo ven el resquicio donde fallé.
Extiendo mis manos, entrego las horas,
pero ellos buscan las sombras en mi ofrenda,
las migajas de error que aún quedan en mí,
nunca el pulso que late en cada paso.
Soy el hilo débil que quieren cortar,
aunque duela, aunque sangre, aunque intente,
soy un nombre en sus labios marchitos
que no pesa, que nunca basta, que siempre hiere.
Y cada esfuerzo que doy se disuelve,
como niebla en sus dedos de piedra,
me miran, me rompen, me quiebran
hasta dejarme sin forma, sin voz, sin alma.
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