Cuando lo invisible pesa en la piel


Hay un temblor en el aire que antes no estaba,
un eco en la luz que se desliza entre tus manos,
como si el mundo hubiese aprendido
a murmurar tu nombre sin decirlo.

Las sombras ya no caen igual sobre el suelo,
se alargan buscando tocarte,
y el viento, que antes pasaba sin dejar huella,
ahora se enreda en tu aliento
y me llega cargado de algo que no sé nombrar.

El tiempo, antes liviano y sin rostro,
se queda suspendido en cada pausa tuya,
en la forma en que tu mirada
parece sostener las horas sin esfuerzo,
en la breve inclinación de tu cabeza
que le da peso a un instante cualquiera.

Y aunque el mundo sigue su curso,
algo en mí ha cambiado sin permiso.
No es ausencia ni espera,
es un fuego callado que no quema,
una certeza frágil que todo lo toca
pero no se deja atrapar.

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