Llegó como un relámpago,
rápido,
incandescente,
un instante desbordado de cielo
que no cabía en mi pecho.
Era amor,
o tal vez era un sueño demasiado real,
un latido que vibraba en mi piel
como tinta ardiente, tatuándome el alma.
No tenía nombre ni dueño,
solo era… y era todo.
Un huracán de risas y suspiros,
un vértigo dulce entre los labios.
Se quedó un segundo
y se fue con la brisa,
pero su eco aún danza en mi piel,
como si nunca se hubiera marchado.
- ☕
Comentarios
Publicar un comentario