Hay días


Hay días en que despierto
y mi sombra me desconoce.
los pasos que doy no saben a mí,
ni el café tiene fuerza para sostener
todo lo que callo.

Me miro al espejo
como quien ve una ruina antigua:
algo que fue templo
y ahora solo guarda el eco
de lo que amó.

Afuera, todo parece estar bien.
las cosas buenas llegan,
se posan en la piel como mariposas.
pero mi alma no entiende de calendario,
ni de metas cumplidas,
ni de esa voz ajena que susurra
“deberías estar feliz”
mientras algo en mi pecho
late roto.

He cargado tanto, que a veces no sé si lo que siento es mío o si me heredaron esta tristeza como se heredan los ojos o el apellido.

Los afectos duelen más que el olvido.
hay abrazos que ya no existen
y otros que se volvieron piedra.
y me pregunto si fui yo,
si fui ausencia, si fueron ellos, 
o si la vida simplemente arranca cosas sin avisar.

Me cansa ser fuerte.
me cansa esta sonrisa que finge,
estas manos rotas que insisten en sostener
lo que ni siquiera me quiere.
me cansa llorar en silencio
como si llorar fuera un delito
o un lujo que no puedo pagar.

Y sin embargo,
aquí estoy.
desnuda en palabra,
con la garganta hecha nudo
y el corazón abierto
como un puño que ya no quiere golpear,
solo escribir.

Escribiendo con las uñas lo que no digo en voz alta,
como quien junta esquirlas
esperando que parezcan cuerpo.
como quien sangra letra por letra
para no morirse en silencio.

Tal vez mañana no duela tanto.
o sí.
pero esta herida también es mía.
este abismo sin nombre
también me nombra.
y esta forma de resistir —aunque duela—
es también una forma de amar
lo poco que queda en pie.

Yo no soy solo lo que logré,
ni lo que perdí sin despedida.
no soy solo la cicatriz que me recorre,
ni la que se pone de pie.
soy la pregunta sin respuesta,
el amor que persiste,
la nostalgia de un abrazo que nunca fue
pero aún espero.

Y si me callo,
no es por falta de ruido,
es porque tengo un grito atascado
que no me cabe en el pecho.

Pero aún estoy aquí.
aun con las costillas abiertas
y el alma en ruinas.
aun sin entender el final,
sigo escribiéndome
como quien se aferra
a lo único que aún arde.

Porque yo,
así, rota,
también soy poema.

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