Eso me basta

Que tiemble el pecho,
que se astillen las certezas,
que el amor se evapore,
que el silencio me grite,
que el dolor me doble,
que el mundo cierre sus puertas
y yo no encuentre nombre
para lo que siento.

Está bien.
Lloraré como llora la tierra seca,
gritaré como crujen los inviernos,
y aún así,
yo me quedo.

No hay exilio posible
de esta carne que soy,
ni distancia que me arranque de mí.

Soy la única certeza
que no me deja sola,
la única presencia
que no se excusa,
que no huye,
que no olvida.

¿Y qué es lo peor que puede pasar?
¿Que se parta el cielo?
¿Que el suelo me niegue sus pasos?

Que no haya tregua.
Que duela incluso al nombrarme.
Que me despierte el frío en la espalda
y no haya nadie del otro lado del sueño.
Que el mundo siga sin mí
como si nunca lo hubiera tocado.

Pero sigo aquí.
Con la piel abierta,
con la voz temblando,
con los ojos aprendiendo a mirar sin promesas.
Sigo aquí.
Y eso, por ahora,
me basta.
Eso me basta.

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