¿Otra vez aquí?


¿Otra vez aquí?
Creí que ya habías partido,
pero vuelves cada vez que el mundo se queda en silencio.
No tocas la puerta,
te deslizas en la sombra,
te cuelas en los latidos.

No te fuiste,
solo dormías bajo la piel.
Esperabas el momento en que el suelo dudara,
en que la mirada temblara,
en que el pecho volviera a preguntar
si es suficiente.

Hay algo que se quiebra sin romperse,
una voz que no grita,
pero arde.
Y tú la recoges,
la haces tuya,
la repites como si fuera verdad:
que tal vez,
no basto.

¿Y si me sueltan?
¿Y si el vacío no se llena?
¿Y si el calor no regresa?
¿Y si el mundo gira sin mí,
y yo solo doy vueltas dentro?

Callas.
Te instalas.
Me habitas como si este cuerpo fuera tu nido,
como si cada silencio fuera prueba
de que algo en mí no merece quedarse.

Pero ya no te creo del todo.
Aunque duelas,
aunque a veces me arrastres,
sé que no soy la herida.
Soy quien la mira de frente,
quien se lame despacio,
quien aprende a no temerle a la ausencia.

Te siento aún,
pero ya no conduzco desde el hueco.
Que tiemble el pecho,
que duelan las certezas,
que el amor no sepa quedarse…

Yo sí.
Yo me quedo.
Y eso, por ahora,
me basta.

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