A veces olvido



A veces olvido
que el eco también es una forma de voz,
que la raíz no se ve,
pero sostiene todo.

Que el fuego no se disculpa por arder lento,
ni el río por no llegar aún al mar.

Que soy semilla y también tierra,
cauce y corriente,
caída y vuelo.

Olvido que el techo que aún no pinta el cielo
ya me protege del peso del mundo,
y que la grieta también respira,
que lo roto tiene memoria de lo entero.

Me exijo astros cuando apenas amanezco,
me nombro carencia cuando soy cosecha.

¿En qué rincón se quedó el aplauso
para esa versión de mí que no sabía
y aun así lo hizo?

La urgencia siempre grita
más fuerte que la gratitud,
pero a veces
hay que silenciar el ruido
y escuchar la tibieza de estar.

Ser ya es milagro,
haber llegado ya es canto,
y cada paso —aunque falte el resto—ya es poema.

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